La meditación
- Cristy Mesta

- hace 19 horas
- 3 Min. de lectura
De unos años para acá, el tema de la meditación se ha puesto muy de moda. Cada vez más gente la recomienda para lograr un mayor bienestar y para bajar los niveles de ansiedad y depresión. Pero, técnicamente, ¿por qué ayuda la meditación?

Las personas que tienen más activo el lado izquierdo prefrontal del cerebro, por lo general, son personas más felices, más resilientes y más capaces de enfrentar dificultades. En cambio, las personas que tienen más activo el lado derecho tienden más a la ansiedad y a la depresión. Los meditadores profesionales tienen el lado izquierdo altamente desarrollado, y cada vez se comprueba más que la meditación ayuda muchísimo a fortalecer esta área del cerebro, aumentando así los niveles de bienestar y resiliencia.
Las emociones son contagiosas. Las personas que acostumbran meditar poco a poco van adquiriendo una especie de carisma que se transmite de forma positiva. Se genera un contagio social muy poderoso: suelen ser personas que transmiten positivismo y buena energía con su sola presencia.
Además, quienes meditan se vuelven expertos en reconocer sus propias emociones, entenderlas y manejarlas. Con el tiempo, incluso logran reconocer las emociones de los demás, lo que los convierte en seres profundamente empáticos.
Las personas que han meditado por largo tiempo y son expertas en la práctica también presentan niveles muy bajos de sobresalto. ¿A qué me refiero con esto? A que, ante estímulos inesperados —un grito, un golpe o cualquier situación sorpresiva—, reaccionan con mucha más calma. Esto refleja niveles muy bajos de miedo y ansiedad. Nada, o casi nada, logra turbarlos.

Hay un estudio realizado en una empresa donde, durante siete semanas, se ofrecieron meditaciones guiadas a los empleados por 20 minutos diarios. Al final de este periodo, los resultados fueron claros: disminuyeron de manera significativa los niveles de estrés y ansiedad; aumentaron la creatividad, la productividad, la satisfacción laboral y el trabajo en equipo. Las personas se sentían más ligeras, de mejor humor y más abiertas a nuevas ideas y experiencias. Obviamente, también bajaron los niveles de depresión.
Las personas desarrollaron más su corteza prefrontal izquierda. En términos generales, sus cerebros se volvieron más felices y más receptivos a emociones placenteras, además de más resilientes frente al dolor. El cuerpo físico también mostró mejoras importantes: el sistema inmunológico se fortaleció, aumentaron los anticuerpos y tanto mente como cuerpo se volvieron más sanos. Disminuyeron dolores de cabeza, mejoraron los niveles de presión arterial, se redujo el riesgo de enfermedades cardíacas y, en general, las personas se sentían con más energía durante el día.
Ahora que ya conocemos todas las bondades de la meditación, me imagino que se preguntan lo mismo que yo cuando escuché esta información: ¿y ahora, cómo aprendo a meditar? Antes de responder, quiero aclarar algo muy importante: la meditación es amplísima y existen infinitas maneras de meditar. Algunos la encuentran en la oración, otros en el mindfulness, otros en la naturaleza, y hay muchísimas más formas. Todas son válidas. Lo importante es encontrar la que a cada quien le funcione y le permita experimentar los beneficios mencionados. De eso se trata.
“La iluminación no es el conocimiento que es aprendido, sino un estado al que uno debe ingresar y convertirse.” — Deepak Chopra
Una manera muy práctica de acercarnos a ese estado es mediante la meditación. En lo personal, cuando empecé, no tenía ni la menor idea de cómo hacerlo. Hoy en día, por suerte, contamos con muchísimas herramientas: videos de meditaciones guiadas y aplicaciones que facilitan mucho el proceso. Pueden consultar en mi Twitter (@matildenota2) y en Facebook (Facebook.com/matildenotados) algunos de los apps que recomiendo. Y recuerden, como todo lo que he venido repitiendo: nada se logra sin constancia y disciplina. Hagan la prueba y avísenme cómo les va. Como siempre, les dejo un beso.
Matilde.




Comentarios