Granizos
- Bárbara Martínez Campuzano

- hace 6 horas
- 2 Min. de lectura
Esta es la primera entrada que no quería ni tenía intención de escribir, pero a veces la tecla es el canal que sobrelleva lo que ya no cabe, lo que no quiero que tenga más espacio en mi cuerpo.
Empieza con el sonido sordo, aquel que cuando pasa creo que no lo volveré a escuchar. Hasta que se repite, y suena, y se multiplica hasta que simultáneamente lo escucho de diferentes puntos, a la vez, y de repente cuento a cien y ya hay una tormenta. El frío vuelve a pegar aunque bien entiendo que dentro de mí hay un incendio difícil de apagar.
Así, en una banca de un parque que conozco desde mi niñez, tuve una de las pláticas más difíciles hasta ahora. Mientras crecía un dolor que desconocía, al que no le puedo ni podré poner nombre, crecían también las ganas del cielo de rugir y de aventar todo lo que tenía que ofrecer: sus propias lágrimas, frigidez, hielo.
Incluso podía ser que mi entorno me quería decir lo que batallaba en aprender yo misma, y tal vez algunos que han tenido alguna plática similar a la que yo tuve esa noche lo entiendan: a veces no sabemos por qué llegan ruidos que ensordecen, pedradas que nos hacen buscar refugio, lágrimas que tienen explicación y a la vez no queremos que estén allí, que no queremos que caigan, pero es lo único que sabemos hacer en ese momento. En un momento en el que está establecido que una decisión dolorosa pero necesaria ha sido tomada.

E intenté correr en la granizada, de desafiarla y decirle que podía intentar, que yo podía contra las miles de gotas heladas que caían sobre mi cabeza, sobre mis brazos y piernas. Acabé un poco lastimada, en cambio. La forma de salir de tanto ruido, de una tormenta, puede que no sea amenazarla, porque quiere que la vivas, que la veas a los ojos, pero que también admires lo que deja.
Al día siguiente, despierto y ya no está muy frío. Comenzará pronto el calor y sol cegador del verano. Los hielos y las lluvias dejan, finalmente, más colores que apreciar al salir de mi refugio.
Espero que esos colores también existan para quien los necesite.
Atte. Bárbara M.C.




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