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Cambiemos la conducta

Las pasadas semanas hemos hablado de la importancia de cambiar emociones y pensamientos para lograr un mayor bienestar. Sin embargo, el cambio más importante de todos es el cambio en la conducta, porque, obviamente, si no cambiamos nuestra manera de actuar, no servirá de nada ningún otro cambio. Al final del día, lo que nos define es la conducta. No se puede lograr un cambio solo con teoría; hay que llegar a la acción.


¿Cómo es posible el cambio en la conducta? Como todos los cambios, requiere mucho esfuerzo. No hay soluciones milagrosas. No se trata tanto de los talentos que tenemos, sino del esfuerzo que hacemos. Muchas veces vemos a las personas exitosas y pensamos que son suertudas porque son buenas en algo.


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Hay un estudio que se hizo en una escuela de música. Se clasificó a los alumnos de acuerdo con los pronósticos que tenían para ellos. El grupo élite era el que tenía la capacidad de tocar en las mejores óperas del mundo. El nivel de talento era, en promedio, el mismo para todos los alumnos; por eso habían logrado entrar a la misma escuela de música. Después de estudiarlos durante mucho tiempo, descubrieron que la única diferencia entre este grupo élite y los demás era el número de horas invertidas en la práctica. Todos los alumnos de este grupo tenían más de 10,000 horas de práctica acumuladas, mientras que los demás solo habían dedicado entre 5,000 y 8,000 horas. El éxito es un balance entre el talento y el número de horas ejercitando ese talento. Es una mezcla entre nuestras fortalezas, el esfuerzo y el trabajo duro y constante.


Las horas de práctica deben hacerse con inteligencia y de una manera ordenada y estructurada. Para maximizar los resultados, este esfuerzo debe realizarse sin llegar al agotamiento, buscando siempre la recuperación diaria o semanal. Ese es el punto principal: trabajar duro, pero no tan duro. Siempre en balance. Las personas no somos máquinas y, si no nos recuperamos, pagamos un precio alto; el nivel de rendimiento empieza a disminuir hasta que la persona truena.


Tenemos que encontrar cuáles son los cambios que queremos hacer en nuestra vida y poner manos a la obra. Practicar y practicar con inteligencia y determinación para alcanzar esas 10,000 horas y lograr cambios como si fuéramos el grupo élite de lo que queremos conseguir. No tiene que ser música; puede ser cualquier tipo de cambio que nos propongamos lograr. Hay que tener siempre en mente que la persistencia es igual o más importante que el talento.


Tenemos que salirnos de la zona de confort sin entrar en la zona de pánico. Esa zona que se encuentra entre ambas es la zona de estiramiento. Ahí se encuentran los niveles óptimos de incomodidad, donde las cosas cuestan trabajo sin desgastarnos de más. Es ahí donde podemos crecer y, gradualmente, seguir progresando hasta lograr un cambio duradero.


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Un ejemplo de esto son las personas que nunca hacen ejercicio y que, de la noche a la mañana, quieren correr un maratón. No pueden hacerlo sin un entrenamiento gradual que poco a poco les permita aumentar la distancia que recorren. No se puede lograr un maratón de la nada sin entrar en zona de pánico. Esto aplica para todo en la vida. Hay que salir de la zona de confort de manera progresiva.


Lo importante es tener claro a dónde vamos y qué queremos. ¿Cuáles son los cambios que quiero introducir en mi vida? ¿Cómo puedo mejorar y acercarme más a mi bienestar? ¿Es en mi vida personal donde necesito cambios o en mi vida profesional? ¿Quiero hacer ejercicio? ¿Cuáles son mis fortalezas y talentos que quiero hacer crecer? Acuérdense siempre: la clave está en el tiempo que le dediquemos. Les dejo un beso.


Matilde.

 
 
 

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