Tiempo de recuperarnos
- Cristy Mesta
- 25 ene
- 3 Min. de lectura
“El estrés destruye nuestra capacidad de frenar nuestros impulsos. Nos convierte en un auto sin frenos que termina atropellando a las personas que más queremos”. –David Fischman
Vivimos en un mundo de prisas, de acelere y competencia, todos ellos grandes generadores de estrés. Hace poco fui a recoger a mi hija de 8 años a su clase de baile. Yo iba estresada, tenía prisa por recogerla, había mucho tráfico, y había que llegar a tiempo por mi otro niño de diez años y llevarlo a su entrenamiento de fútbol americano. Cuando mi niña se subió al carro, me dijo: “Mamá, ensayamos la coreografía enfrente del director y estoy muy estresada”. Escuchar a una niña de ocho años decir que estaba estresada, me hizo acostarme en la noche pensando que algo no estaba bien.

No nada más los adultos, también los niños tienen demasiadas cosas que hacer, entonces naturalmente el sentirse sobrecargados les genera estrés. El estrés por un tiempo muy prolongado, genera depresión. He ahí la razón por la cual cada vez hay más gente, inclusive niños, en depresión.
El costo del estrés es extremadamente alto. La salud tanto física como psicológica; reduce nuestros niveles de productividad y creatividad, pero, sobre todo, el estrés tiene un impacto fuertísimo en nuestras relaciones. Una persona con altos niveles de estrés, puede llegar a dañar sus relaciones más preciadas.
La buena noticia es que existen personas que viven en el mismo mundo que nosotros, rodeadas de prisas, cosas que hacer y las mismas exigencias, que han sido capaces de manejar de una manera saludable sus niveles de estrés. La psicología positiva se ha encargado de estudiarlas, para poder entender qué hacen estas personas diferente a la mayoría para manejar el estrés. Se ha identificado que el estrés no es el problema. Es la falta de recuperación. En realidad, el estrés es bueno, nos fortalece, nos hace más resilientes, más abiertos y susceptibles a la felicidad. Las personas sanas, felices y exitosas no evitan el estrés, sino que encuentran maneras de recuperarse.

Esta recuperación la hacen semanalmente, mensualmente y anualmente. Cuando la gente se “forza” a recuperarse es cuando pueden rendir al máximo. Darnos tiempo en el día para recuperarnos. En mi caso, ir a correr, meditar, escuchar música, etc. Semanalmente, puede ser el ver amigas, disfrutar una buena cena con una copa de vino, ir al cine... Personalmente, cuando me divierto es cuando recupero mi cuerpo y mi mente. También existe la recuperación más larga, como puede ser darnos tiempo para viajar con familia y/o amigos.
Es importante tomar en cuenta que las personas que han sido exitosas al manejar el estrés, simplifican. Comprenden que menos es realmente más. Tratar de meter más y más cosas en menos y menos tiempo afecta toda nuestra vida. Afecta lo más importante de nuestro bienestar: nuestras relaciones. Cuando tratamos de hacer muchas cosas a la vez, no disfrutamos ninguna, aunque todas nos gusten. Y el mejor ejemplo para esto es que no podemos escuchar dos canciones al mismo tiempo, por más que nos gusten las dos. De esta manera tenemos que escoger hacer cada cosa a su tiempo, y dedicarle toda nuestra atención y tiempo a lo que estemos haciendo en cada momento.
El sentimiento de que tenemos tiempo, que no estamos constantemente corriendo, que podemos saborear, disfrutar y apreciar a nuestras personas más cercanas, una buena conversación, una buena sobremesa sin teléfono, el poder regalarnos tiempo, nos brinda sensación de bienestar. Tener tiempo para cada faceta de nuestra vida implica tener que decir que no a personas y oportunidades, y poder aspirar a un nivel óptimo de simplicidad.

Es una buena época para recuperarnos de nuestro estrés. ¿Por qué no darnos tiempo de recuperación? ¿Cuáles son sus maneras de recuperarse? ¿Las conocen? ¿Qué cosas disfrutan? ¿Qué cosas no empalmar? Tiempo con su familia, tiempo con amigos, tiempo en el gimnasio, tiempo en la naturaleza, buenas conversaciones…dense tiempo para todo. Sin mezclar dos canciones al mismo tiempo. Acuérdense, la felicidad depende de qué tanto nosotros mismos la procuremos. Les deseo una semana de paz, tranquilidad y recuperación.
Matilde.
