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Nuestras elecciones

La elección es creación. A través de nuestras elecciones creamos nuestra realidad. En cada momento que vivimos, estamos eligiendo. Podemos escoger enfocarnos en las fallas de nosotros mismos o de las personas que nos rodean; o bien, poner atención en los beneficios de cada persona, enfocándonos en sus fortalezas.


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Hay fracasos que no son nuestra elección, pero sí elegimos qué vamos a hacer con ese fracaso. Podemos escoger huir de los retos o enfrentarlos con valentía. Podemos decidir pasar por alto el potencial que tiene cada persona o ver la semilla de grandeza que existe en el interior de cada uno de ellos. Podemos percibirla, cultivarla e iluminarla.

Puedo escoger rechazar mis emociones o aceptarlas y asumirlas. Puedo ignorar los tesoros que tengo dentro de mí, o puedo tener conciencia de la maravilla que hay en mi interior, explotarla y compartirla.


Esta es la manera en cómo podemos elegir la vida que queremos vivir o la que creemos que es la correcta para nosotros. La elección es una necesidad innata y, cuando se frustra esa necesidad, pagamos un precio por ello. La naturaleza, para ser dominada, debe ser obedecida.


A mí me dan mucho miedo los aviones. Me da miedo volar. Hay algo dentro de mí que me dice que estamos, de alguna manera, desafiando la ley de la gravedad. Y sé que este es un miedo irracional, porque cuando lo razono, entiendo que para que un avión funcione de manera exitosa existen ciertas leyes y naturalezas que hay que respetar, obedecer y entender, como la ley de la gravedad, la fuerza, la velocidad y la aerodinámica. Si estas leyes se respetan, me queda muy claro que el avión puede funcionar sin ningún problema.

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Lo mismo pasa con nuestras elecciones. Si queremos obtener lo máximo de nosotros mismos y aumentar nuestro bienestar, debemos obedecer nuestra naturaleza: nuestras necesidades innatas, nuestros instintos, nuestra naturaleza básica. Y la elección está justo ahí; es una necesidad y existe desde la cuna hasta la tumba.


El poder de la elección es tan grande que se convierte no solamente en un medio para lograr un fin, sino en un fin en sí mismo. Algo que valoramos, que necesitamos y que disfrutamos.


En la vida enfrentaremos todo tipo de decisiones. Desde las grandes decisiones, como la carrera que vamos a estudiar, la pareja con la que nos vamos a casar, dónde vivir, y decisiones éticas y morales sobre qué debo o no debo hacer. Estas decisiones, como aparentemente son muy importantes, nos tomamos todo el tiempo del mundo para analizarlas y tratar de tomar siempre la mejor decisión posible, o al menos la que pensamos en ese momento que será la mejor.


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Sin embargo, existen otras decisiones que pasamos por alto. Son decisiones que parecerían obvias, pero que muchas veces ni siquiera reconocemos. Son elecciones como preguntarnos todas las mañanas: “¿Hoy quiero vivir este día con buena o con mala actitud?”. La respuesta parecería obvia. El problema reside en reconocer diariamente que tenemos esta elección.


Estas elecciones se vuelven potencialmente más importantes que las grandes decisiones. ¿Por qué? Porque estas elecciones dictaminan nuestro diario vivir, la vida que vamos creando para nosotros mismos. Necesitamos estar alertas y conscientes para recordar que tenemos la libertad de escoger estas elecciones diarias.


Todos estos momentos de elección, sumados uno a uno, constituyen una vida. Nuestra vida. ¿Qué clase de vida queremos llevar? ¿Qué elecciones crearán este tipo de vida? ¿Cómo decidimos vivir diariamente? ¿Qué elegimos cuando nos hemos equivocado en alguna decisión importante en nuestra vida? Vivamos eligiendo ser felices día a día, no viendo a futuro, sino eligiendo serlo un día a la vez… Les dejo un beso.


Matilde.

 
 
 

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