El ejercicio físico
- Cristy Mesta

- hace 21 horas
- 3 Min. de lectura
El ejercicio es una medicina maravillosa. Nos hace sentir bien, nos levanta la autoestima, nos tranquiliza y nos calma, mejora nuestro pensamiento, nos hace más atractivos, entre muchos otros beneficios.
En este mundo de prisas y sobreactividad, paradójicamente, cada vez nos damos menos tiempo para hacer ejercicio. Y cada vez más, este mismo mundo nos presenta más y más casos de depresión, y a edades cada vez más tempranas. La tendencia no es buena.

El ejercicio no es un lujo, es una necesidad. Nuestros cuerpos no fueron hechos para estar sentados frente a una computadora todo el día. Antiguamente, las personas tenían que correr para perseguir alimento y caminar para desplazarse de un lugar a otro. Necesitamos integrar el ejercicio en nuestra vida; aunque ya no sea de manera natural como antes, hoy podemos hacerlo de forma “artificial” en gimnasios. Claro que, si tenemos la oportunidad de hacerlo al aire libre y en contacto con la naturaleza, el beneficio para la relación cuerpo-mente es aún mayor.
Hay un estudio que, en lo personal, es de mis favoritos. La muestra fueron personas con depresión y las dividieron en dos grupos. A uno le dieron antidepresivos y al otro lo pusieron a hacer ejercicio. Y por ejercicio no me refiero a entrenar para un ironman, sino algo normal: entre 30 y 40 minutos diarios, de 3 a 4 días por semana. El resultado en ambos grupos fue exactamente el mismo. Más del 60% de las personas salió de la depresión. La única diferencia fue el tiempo: quienes usaban medicamentos mejoraron en dos semanas, mientras que el grupo de ejercicio tardó casi el doble.
Lo interesante del estudio vino cuando, 10 meses después, evaluaron cómo seguían ambos grupos. El 38% de las personas que habían salido de la depresión gracias a los medicamentos recayó. En cambio, solo el 9% del grupo que hacía ejercicio volvió a deprimirse. ¿Por qué? Porque la mayoría de quienes salieron gracias al ejercicio continuaron ejercitándose, y el ejercicio actúa como un antidepresivo natural. Las medicinas, en cambio, deben suspenderse después de cierto tiempo. Además, algo muy importante es que quienes hicieron ejercicio entendieron que el control de la depresión estaba en ellos mismos y no quisieron permitir que regresara; mientras que muchas personas que toman medicamentos creen que el control está en la pastilla y, cuando sienten que la depresión vuelve, buscan nuevamente la solución ahí.
No estoy diciendo que las medicinas sean malas. A veces son necesarias y por algo existen. Solo digo que, para muchísimas personas, el ejercicio puede ser igual de efectivo. Hay momentos en los que, durante una depresión, no se tiene el ánimo para levantarse y hacer ejercicio, y en esos casos, la pastilla puede dar ese “empujón” inicial para empezar a moverse.
Tenemos que empezar a ver el ejercicio como una intervención psiquiátrica seria. He dicho que el ejercicio es como tomar un antidepresivo, pero en realidad es al revés: no hacer ejercicio es como tomar un depresivo, porque no fuimos hechos para no movernos. Al no hacer ejercicio, se genera una frustración física que se convierte en frustración psicológica, porque recuerden: cuerpo y mente están profundamente conectados.
La causa número uno de muertes en el mundo es el cigarro. La causa número dos es la inactividad. La inactividad mata más personas al año que el cáncer de colon, el cáncer de mama, los accidentes y el alcohol juntos. Se los paso al costo.

Imagínense si el ejercicio hace tanto bien en personas con depresión, el beneficio que nos puede traer a quienes no la padecemos. Las bondades son muchísimas. Anímense a empezar y recuerden hacerlo poco a poquito. El ejercicio es el ejemplo ideal de lo que ya les he platicado: salir de la zona de confort a la zona de estiramiento, sin caer en la zona de pánico que nos haga abandonarlo. Busquen qué ejercicio les gusta y procuren disfrutarlo; así será mucho más fácil mantenerlo. Un cuerpo sano es una mente sana, y no hay nada mejor que la salud mental. Créanme. Les dejo un beso.
Matilde.




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