top of page
Recurso 3_4x.png

El día que dejé de entender los números

Hace unos meses, tuve un episodio en el que descubrí algo: dejé de entender los números. No estoy hablando de álgebra o de materias de ciencias exactas. Estoy hablando de cómo los números se suman a los días, al paso del tiempo y, aunque no

me gusta mencionarlo, en relación a las personas, específicamente las que descansaron.


Torreón, Coahuila, road, carretera, camino, street, mountains

Detesto la palabra “pérdida”, pero la tengo que utilizar para ser más concreta. Cuando yo tenía diez años, perdí a una mujer que marcó mucho los primeros años de mi vida. Lo curioso es que, mientras en los primeros años desde que falleció sentía menos, hoy la ausencia se vuelve más fuerte. Es una realidad brusca: no la escucho al entrar a su casa, no veo su expresión al notar cuánto he crecido, no me regaña ni me arrebata las galletas de su despensa cuando las tomo.


No puedo evitar preguntarme: ¿por qué se acabó el tiempo antes de que pudiera comprenderlo? Y ahora los números me confunden. Pido treinta minutos para tomar un café con alguien que ya no tiene edad; mientras más se acumulan los años, ¿no debería restarse el duelo?


Gómez, Rodolfo Campuzano, Bárbara Martínez Campuzano, kitchen, cocina, vintage

Los años se suman, las fechas pasan, pero mucho permanece: el sentimiento, ese déjà vu que no encaja, el lugar donde alguien estuvo y ahora solo es imaginado, los objetos que persistieron hasta llegar a mí como obsequio. Es poco de lo mucho que queda.


Los números se encargan de muchas cosas: de restar mi tiempo, de marcarlos en mi rostro, de hacer que todo pase volando. Y, aun así, pido que haya más números: más tiempo para quienes quiero, más horas para chismear con mis amigas, más minutos para leer antes de dormir. Me hubiera gustado celebrar más cumpleaños —por lo menos noventa y uno— de quien extraño hoy más que otros días. 


El tiempo sigue pasando, y lo que se va, de alguna forma, permanece. Solo falta pensarlo desde el alma en vez de los ojos. Tal vez una parte de nosotros es un reloj sin tiempo: cambiante, avanzando, pero capaz de conservar lo que más queremos.


Feliz cumpleaños, abuela. 


Atte. Bárbara M.C.




LEAFEST x AKADEM


11, 12 y 13 de MARZO


UN ESPACIO PARA NUEVAS HISTORIAS, CREATIVIDAD Y APRENDIZAJE



 
 
 

Comentarios


Suscríbete para avisarte cuando se publique una nueva entrada

bottom of page