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El dinero y la felicidad

“No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mídela por aquellas cosas que no cambiarías por dinero”. —Paulo Coelho


En esta época hemos sacrificado nuestro lado espiritual y todo lo que no es material como herencia de la Revolución Industrial. Cada vez somos más ricos, pero cada vez más infelices, porque estamos enfocados en las cosas equivocadas.


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Las cosas que más quiero para mis hijos no las enseñan en los colegios. No les enseñan a reducir el estrés, a ser más felices, a tener relaciones sanas y a quererse a sí mismos. Hay una discrepancia grande entre lo que sabemos que es importante para nuestros hijos y lo que les enseñan. Desde chicos los enseñamos a competir. Les transmitimos que su éxito en el futuro dependerá de qué tan satisfactorias sean sus calificaciones, de qué universidad escojan para hacer su carrera, y todo está enfocado en sobresalir.


Hemos entrado en una era de percepción material. Esto quiere decir que vemos las cosas materiales como lo más alto en la jerarquía de valores. Y, en realidad, el problema no es con la riqueza en sí, sino con esta percepción material. La obsesión con lo material no permite que las personas aprovechen al máximo sus bendiciones.


Por el contrario, existe la percepción de la felicidad. Se trata de ver la felicidad como el fin más importante. No se trata de sacrificar lo material, simplemente de que la percepción de la felicidad esté en un lugar más alto que la material en la escala de valores. Lo material debe servir para nuestro bienestar y nuestra felicidad. Las metas deben ser para nuestro fin último, que es la felicidad.


Las personas que tienen el dinero como fin tienen niveles más altos de ansiedad y depresión. Y la explicación es que, una vez que logran tener dinero, viven siempre temerosos y ansiosos de perderlo, pues su felicidad reside en eso. Estas personas tienen menos realización personal y son menos sanas física y psicológicamente.


Y no me lo tomen a mal, no estoy peleada con querer hacer dinero. Solo pienso que tenemos que acomodarlo de manera correcta en nuestra jerarquía de valores. Hay personas felices que tienen mucho dinero, para las cuales es importante el dinero y les gusta hacer dinero, pero tienen un enfoque sano sobre él: no lo ven como un fin en sí mismo.


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La felicidad es la moneda bajo la cual debemos medir nuestra vida. Y, siendo la felicidad definida como una serie de emociones placenteras —no con un enfoque hedonista—, sino como la felicidad presente combinada con un profundo significado en nuestra vida. Este balance también ya lo he tocado en otras ocasiones.


Si nos dieran a escoger entre ser un millonario infeliz o tener poco dinero pero ser muy feliz, la mayoría escogería ser feliz, aunque no tengamos mucho dinero. La razón es que intuitivamente la felicidad es el fin más importante; realmente sabemos que el dinero solo es un medio para un fin. Lo sabemos, pero lo olvidamos. No vivimos de acuerdo con este valor.


Y entonces vuelvo a la frase de Paulo Coelho. ¿Nos hemos detenido a pensar qué cosas no cambiaríamos por dinero? ¿Qué me da felicidad? ¿Cuál es mi último fin? Busquémoslo, lo sabemos de manera intuitiva. Y les repito: lo sabemos, pero lo olvidamos. Recordémoslo… les dejo un beso.


Matilde.

 
 
 

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