Sobremesa
- Bárbara Martínez Campuzano

- hace 1 día
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Cuando pensaba que sabía casi todo, era cuando en realidad sabía casi nada.
La noche marcó la pauta, como lo ha hecho en muchas ocasiones al estar con mi familia, en especial con el lado materno. En el antecomedor de la casa de la hermana de mi mamá, éramos ocho personas las que resistimos hasta la madrugada. Se ha vuelto una tradición no escrita que, cada vez que estamos en casa de mi tía, no hay conversación que no se extienda, que no termine tarde, que no lleve a más dudas, veredictos o revelaciones.
Esta vez, y no fue sorpresa, yo era la más chica en la mesa. Sin embargo, ya soy una adulta más. Entiendo todos los chistes, entiendo los temas, y me di cuenta esa noche de que hay cosas que todos —adultos, mayores de edad o jóvenes— no comprendemos, pero cuyas respuestas queremos buscar, hablando en particular de mi familia.

Tengo preguntas que me encantaría hacerles a mis tíos abuelos y a mi abuela materna acerca de su niñez; una que —por lo que contaban esa noche— fue muy difícil, a raíz de que su madre murió cuando mi abuela tenía menos de diez años. Y la única tía abuela a la que podemos preguntar es evasiva respecto a cómo se siente sobre todo lo que vivieron. Esto me recuerda a algo que dijo la autora Tamara Trottner: “Reconstruimos en nuestras memorias tan sólo aquello que nos cabe en las entrañas sin que nos rasgue la culpa”.
No es frecuente que esté con los Meza, la familia del lado de mi abuela. Muchos llevaban tiempo sin verme, décadas incluso, por lo que cuando me senté a la mesa a escuchar todo, a algunos les preocupaba que quedara traumada. En cambio, me quedé con tremenda curiosidad y necesidad de escribirlo, además de un poco conmovida.
En esa conversación hablamos —e incluso yo tomaba notas— de parientes con los que nadie tiene contacto, hogares abandonados, traiciones entre parejas, familiares perdidos, secretos que en realidad para algunos de nosotros no lo eran y de rencores. Una de mis tías me dijo sarcásticamente: "Qué bonita familia, ¿no crees?"

Contesté que no somos del todo problemáticos como grupo. El simple hecho de habernos sentado a platicar sobre los problemas o temas familiares poco conocidos refleja unión. Una parte de nuestra familia cree en esta cercanía porque, aunque no he visto a algunos de ellos en años, pude tener conversaciones profundas y en confianza. Puede que haya temas sensibles, temas que con mis abuelos o mi tía abuela es impensable tocar, pero las generaciones posteriores a ellas podemos contar lo que sabemos, o al menos lo que se rumora. Si no aprendemos de las historias pasadas, tendemos a repetirlas.
Por más que se cuenten momentos dolorosos de la familia, hay que conocerlos, porque —por lo menos en mi familia— eso fue formando a cada uno de nosotros, incluso como una serie de reacciones en cadena. Al menos estas pláticas nos pueden acercar a las vidas de los abuelos y bisabuelos, las personas que, de alguna forma, construyeron la historia de quienes hoy nos sentamos a la mesa.
Atte. Bárbara M.C.
LEAFEST x AKADEM
11, 12 y 13 de MARZO
UN ESPACIO PARA NUEVAS HISTORIAS, CREATIVIDAD Y APRENDIZAJE




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