No tantas opciones
- Cristy Mesta

- hace 14 minutos
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La semana pasada hablábamos de las elecciones que tomamos diariamente y de cómo estas decisiones van marcando el rumbo de nuestra vida. Hoy en día podemos elegir dónde vivir, qué estudiar, qué amigos frecuentar, qué ropa usar, con quién nos queremos casar, etc. Inclusive, en casi todos los temas tenemos la opción de cambiar de opinión y reconsiderar nuestra elección, pues estamos bombardeados de opciones de dónde escoger. Y ni hablar de la cantidad de productos que encontramos en un supermercado. Nada más en el área de mermeladas tenemos mermelada con fruta entera, con pedazos de fruta o sin fruta; sin nada de azúcar, con la mitad de azúcar, con un tercio de azúcar o con toda el azúcar.

La pregunta es la siguiente: ¿por qué, si en teoría tener tantas opciones eleva el nivel de bienestar, somos cada vez más infelices en general? ¿Por qué no somos felices en un mundo lleno de opciones? Porque no funciona como una función lineal. No hay que cometer el error de pensar que, entre más opciones, necesariamente seremos más felices.
Barry Schwartz es un psicólogo que escribió un libro llamado The Paradox of Choice. Tiene también una TED Talk que les recomiendo, en donde expone el tema central de su

libro. Se los resumo. Él habla de que cuando las personas no tienen opciones, la vida es casi insoportable. A medida que el número de opciones aumenta, la autonomía, el control y la liberación que esta variedad aporta son importantes y positivas. Pero a medida que el número de opciones continúa creciendo, empiezan a aparecer los aspectos negativos. Con demasiadas opciones nos encontramos sobrecargados. En este punto, la cantidad de opciones ya no nos libera, sino que nos debilita; incluso nos tiraniza. Entonces, en realidad, no se comporta como una función lineal, sino como una curva, donde hay un límite en la cantidad de opciones que nos dan bienestar y, al alcanzar ese punto, el bienestar empieza a descender.
¿Por qué tener tantísimas opciones no es necesariamente lo mejor? Porque cuando tenemos tantas opciones, también hay más esfuerzo al elegir. Hay una cadena de restaurantes en Estados Unidos que se llama Cheesecake Factory. Si alguien los conoce, sabrá que el menú es abrumador. Podría pasar toda la comida solo leyendo el menú, sin poder decidir entre tantísimas opciones. Muchas veces me conformo con lo que ya conozco, porque no quiero pasar tanto tiempo analizando el menú. Pero, además de esto, siento presión por escoger lo correcto; me da la sensación de que, en un menú tan inmenso, debe haber algo increíblemente delicioso que no he descubierto. Entonces mi decisión se vuelve menos atractiva, al no estar cien por ciento segura de que es la mejor.
Como tengo tantas opciones, ¿entonces qué excusa tengo para estar triste, frustrado o infeliz? Podríamos pensar que, al tener tantísimas opciones, debemos tener la vida perfecta, la pareja perfecta, la casa perfecta y el trabajo perfecto; y como nada de esto es real, sentimos una insatisfacción constante.
Barry Schwartz propone aquí una solución. Primero, buscar lo suficientemente bueno (ya hemos ampliado este tema) y dejar de buscar la perfección. Tenemos que analizar nuestros requerimientos esenciales y quedarnos con una opción que los cumpla, sin seguir buscando lo óptimo. Tanto con la pareja, como con la casa, el trabajo, etc. Y, una vez tomada esta decisión, comprometernos con ella. El compromiso importa más que la calidad de la opción elegida, porque al estar comprometidos dejamos de buscar la perfección en otro lado.
En otras palabras, se trata de bajar un poco nuestras expectativas. Sacar el perfeccionismo de nuestra vida si es que queremos elevar nuestros niveles de felicidad y, como ya lo hemos mencionado, poder vivir el cielo en la tierra. Cada quien debe analizarse a sí mismo: ¿cuántas opciones somos capaces de manejar sin abrumarnos?, ¿qué tan comprometidos estamos con las decisiones que tomamos, dejando de buscar otras?, ¿qué tan altas están nuestras expectativas? Vale la pena pensarlo… les dejo un beso.
Matilde.




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