Encontremos un propósito
- Cristy Mesta

- 18 ene
- 3 Min. de lectura
Es muy difícil llevar una vida plena y satisfactoria si no tenemos un sentido de propósito, algo que nos haga mirar con ilusión al futuro. En el camino hacia lograrlo, debemos disfrutar el presente y los placeres momentáneos que nos da la vida. La felicidad es un balance entre disfrutar el hoy, pero siempre con un rumbo fijo hacia algo que le dé sentido a nuestra vida, un propósito.
Hace poco fui a un curso intensivo en Tepoztlán, como parte de esta certificación en Psicología Positiva. Hicimos un ejercicio para buscar el propósito en nuestra vida. Sacamos un cuaderno y un lápiz, y por quince minutos sin parar, escribimos como si nuestra vida estuviera acabando y fuéramos personas que alcanzamos nuestro propósito de vida, habiéndonos convertido en la mejor versión de nosotros mismos. No se permitía parar de escribir hasta que pasara todo el tiempo, debido esto nos iba llevando a escribir acerca de muchas cosas que no hubiéramos pensado importantes.

¿Qué me diría a mí misma? ¿Qué me agradecería? ¿Qué agradecería de los demás? ¿Qué logros tuve que fueron importantes en mi vida? ¿De qué me siento orgullosa? ¿Qué le diría a mi pareja, si es que tengo? ¿Qué les diría a mis hijos? ¿A qué me dedico? ¿Qué disfruto? Tengo que admitir que fue una experiencia que, a mí, me cambió la vida. Sobre todo, porque me hizo darme cuenta de hacia dónde quiero ir. Pude ponerme metas claras, encontré lo más importante y valioso en mi vida, y qué cosas no quiero dejar de hacer en esta vida antes de irme.
Es un ejercicio que nos ayuda a encontrar el propósito de nuestra vida, algo realmente significativo para alcanzar nuestra meta. No estoy hablando de los propósitos de año nuevo como los que mencioné la semana pasada. Cuando tenemos un propósito, experimentamos hacer lo que debemos estar haciendo, para lo que fuimos creados. Y no necesariamente tiene que haber solo un propósito, puedes tener varios.
Hoy en día, hay grandes ataques hacia los propósitos y metas. Existe un vacío en la sociedad en el que las personas carecemos de sentido y rumbo en la vida, lo cual afecta directamente al bienestar. Esto ha sido ocasionado también porque la gente ha sacado la espiritualidad de su vida, y está comprobado: una persona sin espiritualidad y sin propósito, se siente totalmente perdida. Para muchísima gente, la apatía y la ansiedad se han convertido en los estados de ánimo dominantes. El cinismo y la falta de participación activa han reemplazado la esperanza natural de la juventud. El propósito es el cimiento, es la casa sobre roca donde se construye una vida feliz.
Una vez que alcanzamos un propósito, inmediatamente debe de ser reemplazado, porque si no, quedamos sin rumbo. Lo necesitamos a la edad que sea, para poder tener un motivo para levantarnos con alegría todas las mañanas. Está comprobado que las personas que tienen estas aspiraciones de vida, viven de manera más sana física y psicológicamente.

El propósito contribuye de manera directa a la resiliencia. Cuando existe algo que realmente quiero, la persona se encarga de buscar las maneras para lograrlo, y esto hace a las personas fuertes y resilientes, capaces de superar cualquier obstáculo que la vida les vaya presentando. Tener un rumbo fijo hace a las personas más perseverantes. Es increíble cómo pueden ser persistentes algunas personas cuando se trata de la misión de su vida. No es ninguna coincidencia que las personas más exitosas sean personas con un fuerte sentido de propósito.
Estas fechas ayudan a hacer introspección. Todo esto que les platico, es solo la teoría. Y yo, como ustedes, estoy en la lucha diaria. Regalémonos quince minutos de nuestra vida para encontrar nuestro propósito. Pongamos en práctica la teoría, y ayudémonos a vivir con rumbo, a vivir felices y, así, traer mayor bienestar a nuestra vida, a la vida de las personas que nos rodean y al mundo en general. Se necesita más gente feliz.
Matilde.




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