Respuestas y dónde encontrarlas
- Bárbara Martínez Campuzano

- 24 ene
- 2 Min. de lectura
“Diles que caminen por la sombra. Que escuchen con los ojos, que vean con la piel y que sientan con los oídos, porque la vida nos habla a todos y sólo debemos saber y querer escucharla, verla, sentirla”. —Sofía Segovia
Más de diez mil pasos y varios kilómetros por una ciudad rodeada de agua, unida por un sinfín de puentes y escalones, con un sol molesto, y aún así me daba el dislate de sobrepensar.
En ese momento, estaba de viaje con mi familia, en un lugar bellísimo, aunque —como estaba ya más cerca de la partida que de la llegada— entré en un episodio de cuestionarme muchas cosas, si no es que todo. Me preguntaba cuándo (y en qué circunstancia de mi vida) regresaría a ese lugar de Europa, cuándo volvería a sorprenderme tanto por lo desconocido, qué será de mí en un futuro, qué haría con mi vida… No terminaba de pensar en situaciones hipotéticas. Mientras más caminaba por Venecia, más sobrepensaba.
Hasta que algo me hizo detenerme abruptamente.

Voltee en el momento indicado para ver a un hombre pasar, con una playera que decía: “KEEP CALM AND JUST PLAY THE GAME”. Se me aceleró el pulso. Mi pregunta en ese momento fue, de tantos turistas, de tantos caminitos que hay en esta ciudad, ¿y levanté la mirada justo en el momento en que ese señor venía frente a mí? Y mi respuesta solo fue que eso no era coincidencia.
Entendí la frase porque un señor, hace mucho tiempo, me había dicho que viera la vida como un juego: es para divertirse, reírse, usar las estrategias que pueda, aprender y no preocuparme tanto todo el tiempo. Llevaba años que, en momentos en los que me abrumaba, pensaba en ello. Entonces, el turista que pasó con su camiseta y esa frase sirvieron como un recordatorio.
Esa no era la primera vez que me sucedía algo así. En muchos lados me han pasado cosas de ese tipo: situaciones que serían coincidencias, pero que para mí no lo son. Personas que te dicen algo sin saber que lo ocupabas escuchar, una galleta de la fortuna con un mensaje preciso, el carro delante tuyo con una frase que coincide con tu pensamiento…
Me gusta pensar que a veces el exterior —la vida, el universo, como quieran llamarlo— habla para interrumpirnos un poco. Para darnos una respuesta que no sabíamos que necesitábamos. Más conocidos me han contado de sincronicidades, y me encanta escucharlas. Me es imposible creer en las casualidades cuando son sucesos que dan justo en el clavo.

Claro que no solo se trata de que mágicamente ocurran, sino que hay que saber verlos, aprender a encontrarlos. Sí, se encuentran en el camino, pero hay que tener confianza y paciencia, además de un buen ojo. Esos mensajes siempre han llegado a mí cuando menos me lo espero.
Y no son obvios. No son evidentes. El mundo habla, pero saber recibirlo, saber ver, depende de nosotros.
Atte. Bárbara M.C.
LEAFEST x AKADEM
11, 12 y 13 de MARZO
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